“4,25” el dijo el taxista y ella pagó con cambio. Entró en el departamento sin hacer mucho ruido, aunque en realidad, ya no había nadie a quien despertar. Hizo lo de costumbre, casi en forma automática; aún tenía en eco de las risas sonando en su interior. Preparó el cuarto para dormir, sin embargo hubiera preferido quedarse en aquel bar. Como cada noche, se quitó el maquillaje frente al espejo, y un pequeño mareo le dijo que la última copa, quizás, estuvo de más. Comenzó a ver entonces, imágenes de otros tiempos, recuerdos, proyectados sobre el cristal. A sentir el vacío de la ausencia surcándole la piel. Se preguntaba porque la felicidad a veces, tiene la fragilidad de un castillo de naipes... Porque todo parece distinto cuando se embriagan los sentimientos...El bip del reloj la rescató de esa dimensión de preguntas sin respuestas, que le nacía después de una ronda de amigos y vino. Se acostó e intentó no pensar más, dejar que el sueño apague el mareo...
Mañana será un nuevo día para comenzar.-




